Una fotógrafa dedicada, profunda, sencilla, generosa, con una motivación clara, que sigue su instinto, que no tiene miedo, que huye de sus sitios seguros para encontrarse con imágenes que provocan y son refugio al mismo tiempo.
Gustavo Demaria Molinari | 2009
Soy padre, me reconozco como tal. Tengo 52 años y mi hijo tres, no soy un padre joven. Los que he fotografiado, sí.
Mirando una y otra vez estas fotos, trato de descubrir cuál es la diferencia, no la puedo encontrar pero seguramente la hay.
Iván Castiblanco Ramírez | 2009
Barthes decía que el espacio privado es aquel en el que uno no es imagen, es decir, aquel espacio en el cual no significamos nada para otro, donde somos invisibles, innombrables, inimaginables. Así puesto, parecería que no es posible conciliar lo público con lo privado, que mientras uno sea percibido por otros inevitablemente se convertirá en imagen.
Carlos Clavijo | 2009
Según recuerdo, en el diccionario de la lengua española Pamplona significa “carne sazonada, arrollada y envuelta en tripa, que se come asada”.
Pero en Colombia existe una ciudad que tiene este mismo nombre, ubicada en la región suroccidental del Departamento de Norte de Santander.
Diego Pinilla | 1998
Hace once años, sin ir muy lejos, caminé casi cien kilómetros en una misma ciudad, y en esa aventura subí andenes, bajé escaleras, crucé calles, ascendí puentes, evadí vehículos, rodeé plazas, presencié amaneceres y atardeceres, sentí temores y descubrí aquello que nunca antes vi.
David Gómez | 2009
En una calle del centro de Pereira se encuentra la zapatería de Froilan Antonio Rincón, un pequeño espacio caóticamente atiborrado de cosas y recuerdos en donde Froilan, en una tarde entre tintos y música clásica compartió conmigo su declaración de vida: somos gente.
Lalo Borja
Es casi imposible tratar de hilvanar un texto coherente sobre la presente serie fotográfica, la cual bien podría llevar por título el grandilocuente “Elegía a los Trabajos Ingratos”.
Pienso que sería facilista y contradictorio llamarle simplemente “Trabajadores”, a pesar de que es cierto que a todos los aquí presentes les une el lazo de la tarea de sobrevivir en un mundo cada vez más difícil.
Mauricio Morales | 2007
Las ciudades son las hijas del miedo –se oyó decir alguna vez– sin importar que tan lejos o diferentes sean. Un saludo de un extraño, una luz en un local, una calle conocida, un recuerdo de un andén, una comida que nos gusta, una canción en un bar que atravesó kilómetros para recordar a alguien, o algo.