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Ecos ancestrales, desde el ombligo del mundo
—Capítulo I: Qoyllur Rit´i—
Diego Pinilla Amaya
Perú

2007
Todos los años comenzando el mes de junio más de 70.000 personas en Suramérica saben que se acerca una cita que han esperado a lo largo de un año. Todos se alistan para emprender una peregrinación que los llevará a encontrarse con su único creador, allá, en medio de la nieve de las alturas peruanas, donde la tierra alcanza a tocar las estrellas.
Qoyllur Rit´i, que en lengua Quecha quiere decir Estrella de la nieve, es una de las celebraciones religiosas más impresionantes y multitudinarias de América que ha trascendido el tiempo. Tiene su origen en las antiguas cosmogonías de las comunidades indígenas que habitaron el gran Imperio Inca; hoy en día, el pueblo andino mantiene su inmenso respeto y amor por la Pachamama —madre tierra— y es el motor que lo impulsa a viajar desde los más alejados confines de Perú, Ecuador, Bolivia, el norte de Chile y Argentina hasta la planicie de Sinak´ara, en las estribaciones del nevado Qolke Punku, en la Sierra Sur de Perú, a más de 4.700 metros de altitud.
Cuando inicié mi viaje hacia ese lugar, mi mente y mi cuerpo no se alcanzaban a imaginar lo que iban a presenciar, tan sólo cuando estuve en Mahuayani, una pequeña población donde se inicia la peregrinación de 4 horas a lo largo de 8 kilómetros hasta el santuario, supe que iba a ser una experiencia que, literalmente, me iba a dejar sin respiración. Una cruz de madera clavada entre las rocas recibe a los caminantes, es una especie de altar engalanado con velas, cintas multicolores y piedras a manera de ofrendas, luego vendrán otras ocho estaciones similares que se convierten a su vez en puntos de descanso, especialmente para aquellos extranjeros como yo que con cada paso, con cada bocanada de aire a semejante altura, sentimos que se nos escapa un pedacito de alma.
Una vez en el santuario, comparto un escenario natural espectacular con miles de personas que se alistan para varias jornadas de adoración a la estrella que, según la tradición, viene cada año irradiar su energía cósmica en este punto del orbe. Todos pernoctan allí con la esperanza de ser bendecidos y con la fe de que todos los favores solicitados les serán otorgados. Simultáneamente, los peregrinos le rezan a la imagen de Cristo revelada en una piedra ubicada en una pequeña iglesia situada en el lugar. Lo anterior suena extraño, pero es el producto de una leyenda milagrosa introducida por la iglesia hacia el siglo XVIII, cuyo fin era el de extirpar definitivamente las creencias paganas prehispánicas, sin embargo,nunca se imaginaron que esta fe ancestral se iba a mezclar con la traída desde Europa en lo que ahora es una muestra del más puro e indescifrable sincretismo religioso.
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Aunque la temperatura fluctúa entre -4°C y 10°C, esto no es obstáculo para que todos vibren a un mismo ritmo en casi seis días completos de procesiones, rezos, danzas, música y cánticos rituales engalanados por los más variados disfraces multicolores, matizados por el blanco inmaculado de la nieve. A su vez, miles de peregrinos se agolpan en escenarios improvisados en la montaña con el ánimo de alentar a sus paisanos, otros toman lugar en la interminable fila que los lleva hasta los pies del altar de la iglesia donde dejarán todo tipo de ofrendas.
Al final de todo, quedo con la sensación de haber recibido una gran lección de humildad, de convivencia y tolerancia, pero me voy del lugar con una gran preocupación, la nieve a la que por siglos esta gente ha venido a adorar se está retirando, el devastador calentamiento global se está llevando el sagrado glaciar y, con este, también se puede ir para siempre el Qoyllur Rit´i.