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Las Clarisas
de Pamplona:
una ventana al cielo
Maya Socha
[Noviembre de 2006]
Soy pamplonesa, viví mi infancia y adolescencia en medio de flores, iglesias, fiestas sacras y mucha oración. Las Monjas Clarisas de Pamplona, siempre han estado vinculadas a mi vida de ahí el interés en hacer esta historia.
Pamplona es una ciudad con marcada fe católica fundamento para la vida de la mayoría de sus habitantes. Las Clarisas han tenido una presencia constante en la ciudad prácticamente desde su fundación en 1553. Sus vidas están dedicadas a la oración a Dios elevando plegarias por quien se los pida.
Entran al claustro a muy temprana edad para entregar su vida a Dios, entre sus diversas labores diarias se destaca la confección de ornamentos litúrgicos y la fabricación de hostias con las que surten a diferentes partes del departamento de Norte de Santander y del otro lado de la frontera en Venezuela.
Viven voluntariamente enclaustradas, no son personas que lleven una vida pública, el mundo afuera no es de su interés, todo se centra en torno a Dios. No les gusta ser observadas en la privacidad de su cotidianidad, sin embargo, son mujeres alegres, simpáticas, amables, que caminan por los pasillos del convento a la espera de un toque de campana que da aviso para cambios de actividad durante el día.
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