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Picos y Espuelas
David Gómez
[2006]
¿Por qué las riñas de gallos?
Dos animales entran al ruedo, las espuelas largas y afiladas brillan bajo la luz amarillenta del local. Por un momento todas las voces callan el increíble escándalo de gritos retadores que se reanudará un instante después y las miradas se clavan en los gallos en el centro de la arena. A una señal los jueces sueltan los animales y plumas, picos y espuelas se entrelazan en abrazos sangrientos. Dos animales entran al ruedo, solo uno vivirá. Las espuelas se hunden una y otra vez en el pecho y la cabeza, los picos ciegan los ojos, plumas y sangre vuelan por todas partes al ritmo frenético que marcan los gritos del público desde las tribunas, la sucia alfombra marrón sobre la que pelean los gallos recibe nuevas manchas rojas hasta que finalmente un gallo cae y el otro canta sobre su cuerpo inmóvil… dos animales entran al ruedo, solo uno puede ganar.
Es un espectáculo cruel, los hermosos y valientes animales luchando incluso hasta la muerte impulsados por sus dueños. ¿Qué hace que las personas sean capaces de jugárselo todo a la furia de un animal? El corazón del vencedor late más fuerte cuando el del vencido deja de latir. Sin embargo, el latido que se detiene desata a su alrededor toda una nueva cadena de movimientos; las apuestas que se cobran, los nuevos retos que se lanzan, las deudas que se contraen, las palabras que se empeñan y respetan por honor, los gallos campeones que se van volviendo mitos, las alianzas que se crean y se rompen. Alrededor de una dinámica social tan intensa como la que se escenifica en una riña, a la pregunta ¿Por qué estudiar las riñas de gallos? Parecería ser suficiente respuesta simplemente preguntar de vuelta ¿Cómo no estudiar las riñas de gallos?
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Es una dinámica compleja y fascinante, en la que no pueden haber respuestas fáciles. Descalificar sin más la riña de gallos como un espectáculo cruel y violento sería un error tan grave como simplemente aceptarlo en nombre de un abstracto llamado “cultura”. Es necesario no ignorar el origen campesino de la mayoría de los participantes que marca de una manera muy distinta a la urbana su relación con los animales y entender las galleras como espacios trasladados de la tradición campesina a la ciudad, traídos por los cientos de inmigrantes (forzados y voluntarios) que año tras año van extendiendo los límites de una ciudad que se desconoce, sumándole calles y barrios al abandono de su periferia. Trayendo ferias y fiestas propias a este amasijo, cada vez más caníbal, de más de siete millones de personas.
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