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Bastones de Mando
Iván Castiblanco Ramírez
Nariño, Colombia
2007
A finales de enero de 2007, la Travesía Destinos Ilimitados América Latina había llegado a la ciudad de San Juan de Pasto, Capital del Departamento de Nariño, al sur de Colombia cerca de la frontera con Ecuador. Estando allí fuimos invitados a ser testigos de un cambio de autoridades indígenas de la comunidad Quillasinga. Ese nombre me sonaba, en algún lugar de mi memoria reposaba la idea de que los Quillasingas eran uno de eso pueblos indígenas que hacían parte del grupo llamado “culturas precolombinas” en mis clases de historia en el colegio. Así que mi primera reacción fue de sorpresa… si eran una cultura precolombina y si los estudié en clase de historia… ¿No eran entonces una cultura extinta? Claro que no, ahí estaban, vivitos y coleando, preparándose para dar inicio a la ceremonia de cambio de autoridades de los Cabildos Indígenas La Laguna y el Encano, en cercanías a la Laguna de La Cocha, pero… ¿Por qué no vestían como indígenas? ¿Por qué no hablaban en su idioma originario?
El encuentro con los Quillasingas me permitió reflexionar acerca de algunos procesos históricos que han permanecido por fuera de los libros escolares de historia. Por supuesto que el agresivo proceso de invasión-colonización ejercida por los españoles disminuyó casi en su totalidad a los habitantes originarios de estas tierras y con ellos se destruyeron varias de las culturas más ricas del mundo, sin embargo, el etnocidio no se limitó a la violencia de la exterminación física, la más fuerte fue la violencia cultural ejercida en primera instancia por la iglesia católica y posteriormente por las demás agencias del Estado-Nación que se intentó implementar después de la “independencia”. Esto produjo que muchos indígenas fueran obligados a asumir la cultura del invasor por medio de la espada, la cruz y el pizarrón, a olvidar su idioma propio y con él su cultura.
Pero allí estaban, enfrente mío, por fuera se veían como campesinos de las zonas andinas de Colombia, su idioma sonaba como el español que yo hablo, y su cultura… su cultura no puedo decir que estaba allí toda, pero si estaba en la comida con cuy asado, papas, queso fresco, habas y maíz, en la bebida ancestral de la chicha, de la que probé diferentes variedades, unas más dulces y otras más fermentadas, pero sobre todo, logré ver que lo que más reflejaba su identidad indígena era su noción de comunidad y su relación con la tierra.
Varias comunidades que han sido consideradas como campesinas en nuestro país, han iniciado un proceso que se conoce como “reindeginización”, con el cual pretenden reconstruir su memoria colectiva y sus identidades ancestrales, al mismo tiempo que, cobijados por la Constitución del 91, inician una lucha política que les permita recobrar una parte del territorio perdido a manos de la corona, los colonos, los latifundistas, los agentes de la violencia o el mismo Estado.
Los bastones de mando son el símbolo de la autoridad indígena, una autoridad que no se instaura a partir del miedo ni la imposición de ideas a la comunidad, son bastones que representan sabiduría, no son armas que infundan el temor. El traspaso de los bastones de una autoridad a otra es un ritual con el que la comunidad entera deposita su confianza en ese líder, y este a su vez, de cara a la comunidad, asume la voz de un pueblo que, a pesar de haber perdido su idioma, ha conservado su relación con la Madre tierra y su espíritu de comunidad.
Travesía Destinos Ilimitados América Latina