Al mal tiempo… ¿buena cara?
Diego Pinilla Amaya
Buenos Aires, Argentina
Marzo 2009
No hizo falta emitir una prueba más, esa tarde fueron miles de caras las que expresaron la dramática situación que agobia a la comunidad, allí observé caras totalmente descompuestas por el dolor, otras con gestos de furia, otras visiblemente aterradas al ver el sufrimiento ajeno y otras más queriendo olvidar lo padecido con una sentida oración, vi caras esperanzadas y otras que pareciesen haber perdido la ilusión.
Luego encontré caras inexpresivas, como abstraídas de toda sensación, caras distantes que presenciaron aquel evento como cualquier otro de los muchos que tienen lugar en esa plaza, caras que trataron de evadir esa realidad esperando nunca les afecte. Pero las caras que calaron en lo más profundo fueron las caras de quienes ya no están, rostros que miraron inanimados pero escrutantes desde las fotografías envejecidas que portaban los asistentes, como estandartes de lucha por una causa que parecía perdida.
Lo que vi ese 18 de marzo en la Plaza de Mayo de Buenos Aires fue la protesta enérgica de miles de almas en contra de la inseguridad, un problema que crece desmesurado por doquier, y aunque sabemos que acecha en cada esquina, deseamos cada jornada no ser una de sus víctimas.
Al caer la noche y luego que la multitud se dispersó, comprendí por qué la adversidad no siempre nos deja mostrar nuestra mejor cara.