Puertas Abiertas
Iván Castiblanco Ramírez
Cusco, Perú
2007
La gran puerta de la entrada estaba abierta. Por el arco que se veía en su interior se filtraba la luz desde el primer patio haciendo brillar los adoquines del piso. Durante varios días esa puerta y su luz me resultaron llamativas mientras recorría la Calle Tullumayo en Cusco, Perú. Por fin, una tarde, entré para echar un vistazo en compañía de dos compañeros de Travesía.
Era una casa antigua, grande, con patios comunicados entre sí por pasillos, arcos y puertas abiertas. En su interior se encuentra dividida en pequeñas viviendas ocupadas por diferentes familias.
A pesar de que las puertas estaban abiertas, no vimos muchas personas en su interior. Nos encontramos con un padre de familia que nos dejó entrar al interior de su vivienda y nos habló con orgullo de su hijo, quien estaba por ingresar a la universidad y representaba el futuro de la familia. Además de él sólo vimos a una joven lavando ropa en un patio y algunos niños jugando.
Sin la mayoría de sus habitantes, la casa no se percibía vacía. Sus espacios dejaban ver las marcas dejadas por sus moradores, pasillos, patios, habitaciones, cocinas, permanecían ocupados por sus objetos.
Me parece que en esta casa de puertas abiertas observé el sentido de hogar, un lugar en el que mora la esencia de las familias, esencia que permanece sus espacios y sus objetos incluso cuando las personas están ausentes. La casa de puertas abiertas es una casa llena de hogares.