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Sumaj Orcko
Iván Castiblanco Ramírez
Potosí, Bolivia
[2007]
Durante la “Travesía Destinos Ilimitados: América Latina”, que realizamos varios integrantes del Colectivo entre enero y abril de 2007, uno de los lugares por donde pasamos fue la ciudad de Potosí en Bolivia. De allí tenemos el recuerdo vivo de la visita a la Mina del Cerro Rico (Sumaj Orcko en el idioma Quechua), mina que ha sido explotada desde 1545 durante la colonia, época en que gracias a la increíble cantidad de plata que se extrajo, se convirtió en una de las ciudades más importantes del mundo, ayudando a convertir a España en un Imperio y de igual manera, llenando toda Europa de riquezas. En la actualidad el principal mineral que se explota en el Cerro Rico es el estaño.
En nuestra corta visita nos acercarnos al trabajo que realizan los mineros de la zona. En nuestro viaje siempre tuvimos la fortuna de encontrarnos con personas prestas a guiarnos en nuestro recorrido. Una noche en un restaurante nos encontramos con Roger un joven geólogo de la zona que desde pequeño ha estado en contacto con la mina. Con él nos reunimos a las 7 a.m., a una altura de 4.020 metros y a unos 5 ó 7 grados Celsius de temperatura. Iniciamos el recorrido tomando un transporte que nos llevó a más de 4.200 metros. Para que los mineros nos dieran permiso de entrar a la mina llevamos lo solicitado: hoja de coca, lejía y cigarrillos, tres elementos que posibilitan el trabajo de los mineros. Pijchar (masticar) la hoja de coca -hoja sagrada para los pueblos originarios indígenas del Tawaintisuyu- permite respirar y soportar los efectos de la altura, además de proteger el aparato inmunológico de la contaminación que se adquiere en este trabajo y se mastica con la lejía, que es una pasta amasada de cenizas vegetales. Los cigarrillos los usan para soportar el rigor del clima.
El panorama resultó a la vez majestuoso y desolador, junto al colorido de la mina, con diferentes capas de tierra y rocas de diferentes colores y tamaños, se puede observar que el Cerro Rico en minerales está en realidad muerto, no hay un solo vestigio de vegetación o fauna en él, de no ser por el movimiento de los miles de mineros que allí se encontraban, hombres, mujeres y niños que por años han realizado un arduo trabajo, y que se asemejan a un enjambre de hormigas humanas que se mueven dentro de los miles de socavones laberínticos que recorren el interior del cerro.
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El cerro es la principal fuente de empleo para los potosinos, además de ser un lugar en el que se mueve el comercio de la región y se mantienen vivas las tradiciones de las culturas andinas: el idioma quechua, la hoja de coca, el charquekán, entre otros. Otrora la ciudad más rica del mundo, Potosí se aferra a las riquezas escazas que le quedan al Cerro, tal vez esperando que en sus profundas gargantas se encuentren con el preciado mineral que le devuelva el brillo plateado a la ciudad, mientras generaciones enteras de hombres y mujeres se sumergen en la profunda oscuridad de las vetas con la luz de sus lámparas y el brillo en sus ojos.
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