Volver a
|
Seguro Mató a Confianza
Andrea Osorio Villada
Bogotá, Colombia
[2008]
La seguridad, una preocupación constante de la humanidad, es un tema que ocupa un lugar prioritario en las agendas públicas nacionales, regionales e internacionales, pero también de manera conciente o inconciente hace parte de la preocupación cotidiana y colectiva de los sujetos, cuyo origen está justamente en las interacciones básicas de los mismos y que para contrarrestarla un poco, en algunos casos, se involucra a la divinidad para creer o tener la esperanza que alguien o algo fuera de sí mismos puede garantizar la protección y la seguridad anheladas. En ese sentido, dicha preocupación está aliñada con el miedo, el temor, la confianza, la fe y las seguridades e inseguridades intimas de los sujetos.
Es así como en el afán de seguridad, de protección personal y, por supuesto, de las propiedades privadas y públicas, se configura el oficio de la vigilancia y el negocio, de la seguridad privada. Del oficio he aprendido que tiene muchos matices y se convierte en un punto de intersección entre lo público y lo privado, porque públicamente está presente y se vende la idea de la inseguridad, el terrorismo y el vandalismo pero los miedos y las soluciones quedan en el ámbito privado, es decir, se promueve el uso de la justicia privada.
Este tema me genera reflexiones de carácter político y social, pero de esta experiencia fotográfica me queda claro que también es necesario dirigir la mirada hacia quienes encarnan el lado humano del asunto. Algunos de ellos son “vigilantes” o “celadores” porque socialmente no existen muchas opciones, pero otros tomaron la decisión de dedicarse al oficio por gusto y no harían nada diferente al mismo. En esa medida, a través de una serie de conversaciones y un acercamiento a los vigilantes del edificio en el que vivo, logré entender su oficio, sus impresiones, cuáles son sus expectativas de vida, cómo es el trato de las personas hacia ellos y comencé a ubicar los principales aspectos de su cotidianidad.
|
Para ejercer el oficio se debe recibir un entrenamiento previo y para ello existen escuelas que brindan capacitación en seguridad privada y especialidades como vigilancia industrial, de sitios públicos, eventos, entre otros. Así mismo, se debe demostrar la capacidad de estar atento y prestar un servicio entre 12 y 24 horas continuas, en el que se debe atender las necesidades y quejas de los usuarios, abrir y cerrar las puertas, entregar los recibos de los servicios públicos y la correspondencia privada, sacar la basura, atender el citófono, el teléfono y, adicionalmente, mostrar la destreza para manejar un arma, afrontar una situación de peligro inminente, la insatisfacción de los usuarios, enfrentar al desconocido, confiar o desconfiar del otro en milésimas de segundos, entre muchas otras tareas. Aunque es un oficio que socialmente es criticado, relegado y no reconocido, se ha convertido en una gran necesidad contemporánea, sin su presencia no sería posible sentir una sensación de seguridad, bienestar y confianza.
Armando, Pastor, José y muchos otros, sin dejar de brindar sus mejores condiciones y habilidades, han asumido la responsabilidad y la tarea de cuidar la vida y propiedad de otros, asumir riesgos y, en algunos casos, malos tratos para que otros nos sintamos bien.
|