Esta etapa de Efecto Afecto está orientada a realizar una experiencia pedagógica mediada por la fotografía, coordinada por
Iván Castiblanco, entre Octubre de 2006 y Septiembre de 2007 (e incluso ha continuado hasta el momento), en la que hagan parte niñas, niños, jóvenes, profesores del Centro Crecer y familiares, para que ellas y ellos realicen fotografías de su entorno, sus pares, profesores y familiares con el propósito de posibilitar otro tipo de interacciones y observar los procesos de sociabilidad que se generan a partir de ellas.
No es la pretensión de este proyecto mostrar la manera correcta de educar la mirada de niñas, niños y jóvenes del Centro Crecer La Paz, porque no es el acto simple de mirar al que estoy haciendo referencia. Por lo tanto, no se trata de decir que gracias a la cámara fotográfica y a las fotos niñas, niños y jóvenes miran más y mejor que antes. Tampoco se trata de negar que haya habido una trasformación en la mirada de ellas y ellos, que no hay diferencia entre su mirada cotidiana y su mirada fotográfica.
Me parece que hay dos usos que puedo darle a la palabra mirar en este proyecto. El primer uso está relacionado con la forma como niñas, niños y jóvenes miran, se miran y se hacen mirar, reconocen y se autorreconocen, se acercan y se alejan del mundo, de la sociedad, caminan y recorren la experiencia de vivir y, por supuesto, está relacionado con las barreras, los límites, las normas que se han impuesto sobre ese mirar. El segundo uso se relaciona con la mirada del educador, del investigador y, por que no, del fotógrafo; esa mirada que por lo general quiere verlo todo desde arriba (como posición corporal y posición de poder), que quiere conocer y comprender todo y, por supuesto, se relaciona con las barreras, los límites, las normas que desde esa mirada se han impuesto.
Como es desde el segundo tipo de mirada desde el que se imponen las barreras hacía el primer tipo de mirada, entonces la educación de la mirada debe partir de la deconstrucción de este segundo tipo, es decir, el educador, el investigador y, claro que sí, el fotógrafo debemos abandonar nuestra posición privilegiada de observadores, para convertirnos en lo que Masschelein (2006) llamaría caminantes. Lo que no implica un cambio de perspectiva o de punto de vista, sino un ejercicio completamente diferente, es dejar la pretensión de que se está mirando la realidad con y desde la verdad, para comenzar a ver la verdad desde la realidad misma. Y esto no es otra cosa que una mirada desde y en la experiencia.
La fotografía puede ser una herramienta que, gracias al empoderamiento que otorga a niñas, niños y jóvenes y a sus miradas, posibilite que sean ellas y ellos mismos quienes comiencen a deconstruir y a desestabilizar los imperativos tan fuertes que se les han inculcado en sus procesos de socialización. Mi experiencia me hizo ver cómo eran capaces de hacer cosas, decir cosas, hacer ver cosas, que transformaban esa condición impuesta de “discapacidad”, para ser otra cosa, otras personas, diferentes a lo que se suponen que deben, o pueden, ser: pueden ser, fueron, son, fotógrafos.