Colectivo OctoActo
Un paseo por los pasillos del Colegio Viejo, ahora la casa de Mercado de Pamplona
Por Maya Socha
La actual Casa de Mercado de Pamplona (Norte de Santander), patrimonio arquitectónico de Colombia se valora por las peculiaridades de su uso público y cotidiano también por la historia que la ha mantenido viva y que hoy nos cuenta a través de los años.
Esta edificación ha tenido varias transformaciones y usos desde que fue construida en 1622. Allí funcionó el Colegio de la compañía de Jesús, un colegio de los jesuitas que llegaron a la Nueva Pamplona a proclamar el evangelio y su apostolado espiritual. Posteriormente, aunque no se sabe con exactitud cuánto tiempo funcionó, se instaló la Escuela Jesuita. En 1816, en el mencionado inmueble, empezó a funcionar el Colegio San José también conocido como el Colegio Viejo hasta 1840.
El estado de deterioro que alcanzó este edificio por el abandono, sumado a los terremotos que sufrió Pamplona y principalmente por el terremoto de Cúcuta en 1.875 hizo que la edificación quedara completamente inhabitado hasta finales del siglo XIX.
El 30 de julio de 1919, después de muchos acuerdos y por medio de la escritura pública número 507, se convirtió en lo que es hoy, la Casa de Mercado de Pamplona S.A., ésta última la más profunda de las transformaciones, incluso más que las huellas de temblores, destrucciones, abandonos, pañetes y pinturas que ha soportado su estructura.
Hoy en día este Monumento Nacional vibra por las tradiciones, colores, sabores y aromas de antaño y de hoy, convirtiéndose en un mezcla viva de los tiempos, recreando los recuerdos, hechos históricos y conservando la memoria de los pamploneses.
En sus pasillos donde a través de altavoces, se escucha música que recuerda liturgias pasadas; mezclada con las letanías de las tradicionales vendedoras que declaman “crema, jabón, champú, hilos” con las que hacen retumbar sus voces en las paredes; albergan el aroma, las texturas y los colores de verduras, hierbas, frutas y carnes, en resumen parte del campo en la ciudad. El calzado, la ropa y la variedad de productos únicos saltan a la vista como en ninguna otra plaza de mercado, dándole un toque especial.
Para entender la mencionada explosión de sensaciones, sabores, colores y aromas de la Casa de Mercado de Pamplona basta con saborear un vaso de salpicón de frutas combinado. ¡Así que espero lo disfruten!